
En Gràcia hay una tienda con paredes cubiertas de sprays de colores, ropa hecha por artistas, cuadros, libros de graffiti, una máquina de arcade en un rincón y un patio que invita a quedarte. Se llama Can Safari, y sin haberlo planeado, se convirtió en el epicentro del arte urbano argentino en Barcelona. Los responsables del proyecto son Marita Moro, argentina de Béccar, y Marc Mascort i Boix, catalán de Barcelona, y los dos coinciden en algo: esto no fue un plan de marketing, simplemente pasó y están felices de que sea así.
Can Safari está en el corazón de Gràcia, el barrio donde vive la mayor cantidad de argentinos en Barcelona. Y ese dato no es casualidad: es una de las razones por las que la comunidad artística argentina encontró acá su punto de encuentro. Un lugar para pasar a saludar, para armar esa red de contactos que lejos de casa vale doble, y de paso llevarte un pincel, un marcador o un spray. Un espacio donde el arte circula, se expone, se expande y se comparte. Estar en Can Safari es estar conectado con el barrio, con la comunidad y con la ciudad.

La historia de Can Safari desde Argentina
La tienda tiene un poquito más de un año, abrieron en abril del 2025. La historia empieza mucho antes, Marita llegó a Barcelona por primera vez a mediados de los 2000, porque su hermana vivía acá y necesitaba una mano en las ferias de ropa que organizaba. “Desde los 21 que estoy viajando”, nos contó Marita, sobre esos años de ida y vuelta entre Buenos Aires y Barcelona, hasta que la última vez ya no volvió: se quedó, conoció a Marc, tuvo a su hija Gal·la, y su madre y su hermana también terminaron viviendo acá.
Sobre lo que se extraña de Argentina, Marita fue directa: “Siempre se extraña. Y principalmente porque también tengo familia allá, mis hermanos, mi padre”. Pero también nos explicó lo que le pasa a la hora de viajar: “Cuando estás allá, después de estar un par de días, extrañás estar acá. Acá ya hice mi vida, es muy personal también”.

El espacio que hoy ocupa Can Safari tiene una historia previa que Marita y Marc recuerdan con cariño. Durante años allí funcionó una tienda de Montana Colors, empresa en la que ambos desarrollaron buena parte de su trayectoria profesional y con cuyo fundador los une una buena amistad. Marita dirigió aquel espacio desde su apertura, mientras Marc estuvo al frente del área de cultura de la marca durante toda esa etapa, contribuyendo ambos a dar forma a un espacio que ya respiraba la manera en que entendían el arte urbano y la creación de comunidad. Cuando aquella etapa terminó, decidieron dar vida a un proyecto propio con una identidad completamente distinta: un espacio multimarca más personal y comunitario, con foco en la experiencia, que transita un camino más propio y artístico
Más que una tienda de arte urbano argentino en Barcelona
Can Safari no es solo un local de sprays, pinceles y acrílicos. Es, en palabras de sus dueños, una “pequeña agencia boutique para servicios culturales y creativos”, que comisiona proyectos artísticos y representa artistas. Ahí adentro se dictan talleres de graffiti, de customización de gorras y camperas, de lettering, de ilustración, e incluso de maquillaje creativo, siempre en grupos reducidos de diez o doce personas. También arman talleres de cumpleaños, una modalidad que surgió de pura casualidad, cuando una madre pidió repetir la experiencia de un taller para el cumpleaños de su hijo.

Una vez al mes suelen organizar eventos con DJs y bebidas cortesía de Garage Beer, Fritz-kola o El Tony Mate, y siempre con alguna temática especial: el lanzamiento de un fanzine, una expo, un taller. El último coincidió con Sant Jordi y el primer año de Can Safari, que fue también el décimo aniversario del espacio como local de arte urbano.
Para agendar:
El 15 de agosto, con el inicio de la Fiesta Mayor de Gràcia, Can Safari tiene programado un evento especial: por un lado, inauguran una exposición de tablas de skate intervenidas por tatuadores y artistas, y por otro, presentan el escaparate con el que compiten este año en el concurso de escaparates y portales decorados de la fiesta, el mismo certamen donde el año pasado se llevaron el primer premio.

La comunidad argentina dice presente en Can Safari
Can Safari es frecuentado por artistas en plena proyección como el tigrense Bruno Prin (@brunoprin), quien realizará la intervención del escaparate para la Fiesta Mayor de Gràcia, Mat3 de Buenos Writers, auténtica referencia del graffiti contemporáneo, los hermanos Julián y Paula Fernández con su proyecto gráfico Plaga (@dimeplaga) venieron desde Quilmes vía Galicia, o leyendas vivas del street art barcelonés de raíz argentina como Zosen (@zosenbandido) y Kapi (@kapi.style), dibujando una constelación donde la calle se vuelve lenguaje y memoria.
A ellos se suman diseñadores de indumentaria como Lucas Guevara (@syd.oficial), con una mirada afilada sobre el streetwear independiente, o la mendocina Flor Garabedián de Zelva (@zelva.ar), cuya sensibilidad textil, profundamente conectada con lo orgánico y lo identitario, se traduce en piezas y colecciones que enriquecen la propuesta del espacio y amplían su pulso creativo.

Y la trama se expande hacia quienes ya habitan el espacio como parte de su propio relato: el artista visual y muralista Julián Manzelli, cofundador del mítico colectivo DOMA (@CHU_DOMA), pionero del arte urbano en Sudamérica; o el bonaerense Brian Alt, que convirtió Can Safari en escenario de una de sus ya míticas Tiny Balt Sessions (@baltsessions), el pasado verano, con el pulso sonoro de la mendocina Eve Calletti (@eve_calletti) y Peperina (@peperina.wav).
Aunque la presencia argentina es especialmente visible, Can Safari trabaja con artistas de procedencias muy diversas, generando un espacio donde las distintas escenas dialogan de manera natural y donde el intercambio creativo nace precisamente de esa mezcla de miradas y trayectorias.

Por qué importa para la comunidad argentina en Barcelona
Marc lo explica con una idea que tomó del inglés: el concepto de “third space”, esos lugares de encuentro que no son ni la casa ni el trabajo, pensados para que las cosas pasen. “Para que esto suceda se necesita una predisposición de base. Y es un poco nuestro objetivo con este proyecto”, nos comentó Marc. Marita agrega que hoy en día una tienda ya no puede limitarse a vender: “Salimos un poco del concepto de venir a comprar algo, va más allá de eso, está relacionado de alguna forma, con vivir una experiencia relacionada con el arte”.
Ese cruce de mundos también se nota en la comunidad argentina, que según cuenta Marita no se limita a los artistas. “Hay muchos argentinos que se acercan, y no solo artistas: hay gente que viene por el espacio, a ver lo que tenemos, a conocer un poco más de todo este mundo, y funciona literalmente como un punto de encuentro”, contó. También reciben pedidos puntuales de gente que viene de visita desde Buenos Aires y llega con encargos.

Can Safari queda en el carrer Guilleries 28 de Gràcia, y no hace falta entender de graffiti para entrar: alcanza con tener ganas de ver algo distinto, de encontrar también algo nuestro, y quedarte un rato más de lo que pensabas. Y es que Can Safari es eso: una red viva, cruzada por acentos argentinos, donde el gesto creativo no se exhibe: se comparte, se mezcla y se enciende, circulando también en el espacio como objeto, edición y pieza disponible, en diálogo constante entre creación y presencia material.
Les compartimos su cuenta de Instagram @can_safari y su web www.can-safari.com
