
En una reciente emisión de El diario de Jorge (Telecinco), se vivió un momento que trascendió lo anecdótico para abrir una conversación mucho más profunda sobre convivencia, lenguas oficiales y libertad de elección.
El programa es como los que hacía Moria donde inmortalizo el si queres llorar..
Todo comenzó con una historia aparentemente simple entre dos amigas —Maria Dolors, catalana, y Ana María, argentina residente en Terrassa— que acudieron al plató para resolver sus diferencias. La discusión giraba, en un principio, en torno a los tiempos compartidos, las excusas, los desencuentros. Pero pronto quedó claro que el punto de quiebre era el idioma.
Maria Dolors explicó que su grupo de amigas se comunica exclusivamente en catalán y que Ana María, a pesar de vivir hace años en Catalunya, no lo habla porque —según sus palabras— “no le gusta”. El presentador intervino y, apuntando con el dedo a Ana María, afirmó que no lo habla porque no quiere aprenderlo, cuando 30 segundos antes la vecina argentina había explicado que fue 2 años a aprender.
La situación al aire se empezó a poner bastante incómoda, y Ana María intentó explicar su decisión diciendo “que no quería perder su…”, pero fue interrumpida por el presentador en tono burlón, malinterpretando su explicación.
A partir de acá, lo que sigue es Ana María dándose cuenta de que era en vano dar explicaciones, y el presentador tomando partido, ignorando por completo el argumento y señalando que, si se vive en Catalunya, hay que aprender catalán. Lo dijo con firmeza, casi como una obligación moral.
El verdadero debate que abre una argentina de Terrassa en TV
Y ahí es donde se abre el verdadero debate. ¿Es obligatorio hablar catalán si se vive en Catalunya? ¿No debería ser una elección personal?
No se trata de estar a favor o en contra del catalán. Se trata de abrir un espacio de reflexión sincera, donde quepan todas las experiencias y donde hablar una lengua —o no hacerlo— no determine quién merece ser parte de una comunidad.
Conclusión
El programa terminó sin acuerdo entre las amigas, pero en un abrazo entre ambas. Lo más curioso es que el presentador nunca entendió lo que Ana María decía. Es difícil de explicar, y más cuando no te escuchan, no te dejan terminar la frase o te interrumpen.
Ana María como muchos Argentinos en Catalunya, lo que no quiere perder no es el “castellano”, lo que realmente quiere, es conservar el hablar como se habla en Argentina, porque eso nos define, nos identifica, nos une y nos da orgullo. Nos acerca de alguna forma un poco más a nuestros afectos que están lejos y a ese o esa, que fuimos cuando arrancamos con la valija llena de ilusiones.
No es un tema de hablar catalán o no hablar catalán, es un tema de no dejar de sentirnos Argentinos!
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