
Fausto tiene 38 años, nació en Bahía Blanca y lleva casi diez años viviendo en Barcelona. Sus amigos de siempre le dicen Toto. Hasta noviembre del año pasado, tenía unos tres mil seguidores en Instagram, básicamente amigos y conocidos de la vida. Hoy tiene más de 192.000 seguidores. Lo que pasó en el medio es una de esas historias que merecen ser contadas.
Antes de llegar al momento bisagra del doblaje, hay que entender quién es Fausto. Él mismo se define con una palabra que no se escucha seguido: polímata.
“Un polímata es una persona que tiene varias capacidades. En criollo, vendría a ser, que le gusta todo dentro de un rango. En mí caso es el arte: me gusta todo, me desempeño bien en lo que hago, pero no sigo una rama en específica. Es como ser una especie de comodín.” Así lo describe Fausto
Bailarín contemporáneo, actor, músico, maestro de karate, profesor de su propia técnica que mezcla danza y artes marciales y que bautizó como Danzudo. Toca en tres bandas: en Metronomical y en un proyecto nuevo junto a un amigo de la infancia de Bahía Blanca toca la batería; y en Sonido Unicornio 2000 toca piano y acordeón. Además, da talleres en la Central del Circ y ha trabajado con el Liceu. Todo eso al mismo tiempo, y con su perro siempre a su lado.

Fausto y sus doblajes: La pausa antes del gol
Pero la historia del doblaje no empieza con una idea brillante de marketing. Empieza en un momento difícil. “Tuve que hacer un reset total, pero reset de todo. Relación, amistades, proyectos, vida, vivienda. Dije: Corto todo porque esto no va a terminar bien.” Venía trabajando demasiado, durmiendo poco y viviendo Barcelona con todo. El cuerpo avisó y Fausto escuchó. Y en ese espacio vacío que quedó, empezó a recordar cosas que hacía de chico.
Una de esas cosas era bajar el volumen de la tele y jugar a doblar lo que se veía en pantalla. Lo hacía con un amigo de la infancia, Juan Franco, y se pasaban horas así, riéndose. Esa práctica lo acompañó toda la vida, en silencio, la compartía muy pocas veces con gente de mucha confianza.

Lucy y lo que trajo del campo
Hasta una noche de noviembre del año pasado, en la que no podía dormir. “Estaba desvelado, te estoy hablando de las cuatro de la mañana más o menos, yo estaba tirado en la cama, y digo, bueno, lo voy a hacer y lo voy a subir.” El video era de Lucy, una labradora que le llevaba cosas a su dueña en la boca. Fausto le puso voz, le inventó una historia, y lo subió. “Me despierto el otro día y no me había pasado nunca en la vida. No sé cuántos comentarios, no sé cuántos miles de me gusta, de repente miro la cuenta, tenía 15.000.” Y a la noche siguiente, 6.000 seguidores más y no paró más. La frase del video de Lucy “esto lo traje del campo” se volvió un éxito viral de Fausto y sus doblajes.
Lo que siguió en las semanas y meses siguientes fue algo que Fausto no esperaba y que terminó de darle sentido a todo. Empezaron a llegarle mensajes de gente que usaba sus videos para atravesar momentos difíciles. “Me escribe una señora que tenía a su madre internada con depresión fuerte, grave, hacía más de un año, y hacía ya cinco o seis meses que no la podía sacar a caminar. Un día se pone a ver los videos con ella, se empiezan a reír, y al otro día dice: – vamos a caminar, dale vamos – y salieron a caminar hablando de los videos.” Desde entonces, cada vez que la hija visita a su madre al internado, le lleva uno o dos videos de Toto, y es el motor para que se levante. Cuando Fausto cuenta esta historia, dice que se emocionó mucho y que ahí entendió por dónde quería ir.

Cuando el humor se convierte en medicina, Fausto y sus doblajes
No es casual que le haya pasado esto a él. Fausto cuenta que de chico tuvo depresión y que el humor fue lo que lo sacó adelante en esa época, cuando Internet era una novedad y los videos de perritos bebés eran casi lo único que había. Esa experiencia lo conecta de un modo genuino con lo que le escribe la gente: familias que se juntan en la cama matrimonial a ver sus videos antes de dormir, personas que atraviesan momentos muy duros y encuentran en ese rato de risa algo parecido a la esperanza.
“Me llena muchísimo, en ellos veo que se crean momentos lindos, momentos que son para compartir, que a veces se pierde un poco con todo esto de la vorágine en la que vivimos.” Comenta Fausto

Fausto y sus 10 años de experiencia como artista en Barcelona
Su mirada sobre Barcelona como ciudad para artistas es la de alguien que llegó en una época de transición y vio el cambio con sus propios ojos. Dice que cuando llegó todavía había espacio para tocar en la calle, para hacer teatro, para vivir del arte callejero. Y añade que eso se fue cerrando de a poco, entre permisos difíciles de conseguir, policías que amenazan con quitar instrumentos y una ciudad que se fue inclinando cada vez más hacia el turismo. Pero como argentino, dice que la experiencia fue buena. “Como argentino me parece un puntazo. Al venir hace diez años viví la última transición. Al principio costó, pero del segundo al cuarto año vino una avalancha de argentinos que era una cosa abismal. Ya no te sorprende encontrar gente con camiseta de Los Redondos trabajando en cualquier lado.”
Ahora está pensando en volver a Argentina, no para quedarse sino para trasladar todo lo que aprendió. Su padre es sexto dan de karate en Bahía Blanca. La idea es armar algo que mezcle danza, artes marciales y teatro, ese híbrido que viene desarrollando hace años acá. Mientras tanto, sigue subiendo doblajes, tiene una gira con Metronomical por México en septiembre y da clases donde puede.

“Si hay un abismo, ese abismo que se aproveche para aprender a planear. El caos es un desorden organizado o un orden desorganizado. Está, hay caos, no pasa nada.” Reflexiona Toto.
Fausto y sus doblajes: A veces las grandes historias empiezan así, con un tipo que no puede dormir a las cuatro de la mañana, que decide hacer reír a alguien y termina devolviéndole a una persona las ganas de caminar.
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